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1 de Octubre, 2005


Crónicas desde el Paraíso - Capítulo 4

Y el Teide ¿qué tal? os preguntaréis sin duda a estas alturas de la película. Pues muy bien, gracias. Ya que la organización del congresito ha tenido la magnífica idea de llevarse a todos de excursión el único día en el que yo no me podía apuntar, me ha tocado ir hasta allí por mi cuenta. Para llegar hasta el parque nacional en transporte público sólo hay un autobús de ida (que además sale del Puerto de la Cruz, y no de La Laguna), y otro autobús de vuelta. Pero ya conocemos a nuestro superhéroe. Lejos de arredrarme ante las dificultades, antes bien, enardecido por la ocasión que me brinda el destino de poner a prueba mi ingenio, y cual indómito explorador de las salvajes tierras tinerfeñas, me he pegado un madrugón que ni para ir a desasnar a mis alumnos, he tomado un taxi y dos autobuses, y unas tres horas más tarde he aterrizado en la Luna. El plan era perfecto: el bus de ida me deja en el Parador, y yo me hago caminando 16 kilómetros hasta la siguiente parada, en la que el bus de vuelta me recoge cinco horas más tarde.

El paisaje volcánico es espectacular. Incluso en un día nublado y neblinoso, como hoy, la luz juega con los ocres, los rojos y los negros perfilando formas imposibles, como sacadas de un sueño. Caminando solo, por un paraje desierto y prehistórico, la sensación de irrealidad se agudiza. Mi cabeza no para de dar vueltas, mientras sopla el viento arremolinando las nubes en la falda del volcán. Me siento muy bien, lejos de todo el mamoneo del Congreso (y eso que yo me mantenía bien lejos de todos los círculos, presentaciones de libros, encuentros de asociaciones, cenitas de despedida y demás mandangas), sin ningún ordenador en kilómetros a la redonda (o eso quiero creer yo, ingenuo de mí), con una sola cosa en la cabeza: caminar e imbuirme de este lugar prodigioso. Prodigioso, sí, pero a estas alturas cubierto de nubes bien grises y bien oscuras que... MALDICIÓN, UN TRUENO. Y sí, una gotita, y otra, y otra... A unos seis kilómetros (calculo yo) del final de mi ruta, sin paraguas ni chubasquero, por supuesto, y en mitad de ninguna parte. Desde luego, lo de buscar cobijo en una cueva, cabaña, abrigo o cualquier otro recurso facilón de peli americana, queda descartado echando una simple ojeada al valle lunar por el que estoy caminando. Así que... ¿cómo creéis que reacciona nuestro protagonista? Pues abriendo los brazos y aceptando, exultante, un diluvio que sólo García Márquez podría describir dignamente. En unos minutos, el desierto alumbra arroyos, acequias, lagunas, torrentes... Empapado de arriba abajo, mis pies chapotean alegremente entre los charcos, mientras siento ahora el granizo golpeando la lava. Los colores, ya de por sí extraordinarios, se vuelven nítidos y profundos detrás del velo translúcido y grisáceo de la lluvia. He regresado al día de la creación. Este cataclismo es un regalo.

¿Qué os parece? ¡Mirad lo que me pasa cuando vuestra lejanía acaba generándome diarrea mental! Además, el asunto no sólo fue poético, sino además surrealista. Porque en la lírica descripción precedente he omitido (por razones obvias de coherencia estilística), dos aspectos esenciales del incidente: 1) Mi preocupación principal era salvar a toda costa mi cámara reflex digital, que corría serio peligro de naufragar para siempre bajo una lluvia torrencial que, de verdad, no podéis imaginaros, y 2) Como mi absurda reacción incial fue acelerar el paso para llegar antes a mi meta, resulta que me encontré con una atlética abuelita alemana, en sujetador y bragas, que se había quietado la ropa seca y la había guardado en la mochila para evitar que se mojase. ¿Surrealista, verdad? Claro, no sólo de la Teoría Actor-Red vive el hombre...

Después de este simpático episodio, no quisiera aburriros con las plúmbeas meditaciones pseudo-intelectuales que me acosan cuando reflexiono sobre el congresito de marras. Así que mejor lo dejo para mañana. No se os vaya a ocurrir perderos el próximo capítulo.

Continuará...

Por doubty - 1 de Octubre, 2005, 22:16, Categoría: Crónicas desde el Paraíso
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*

Estaba yo deambulando por enésima vez por los confines del . y he recordado algo!!! Juueerrr!!! No soy tan "esquivo" como los "compis" de este blog piensan... Como muestra, algo de mí aquí (aunque está un poco escondido, busquen!)

ciao!

ps.- la próxima que nos veamos, recuérdenme que se lo cuente ;)

[actualizo]

- Un apunte reflexivo que seguro que os gusta: La Ley de transposición de las Bitácoras

- Un evento al que ¿podríamos acudir?: WebDosBeta

... Y ya me "piro" que los niños me esperan :)

Por nettizen - 1 de Octubre, 2005, 15:32, Categoría: General
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Crónicas desde el Paraíso - Capítulo 3

 No cabe duda de que, a estas alturas, los fervientes seguidores, visitantes y familiares de este santo blog se estarán preguntando ansiosamente cuál habrá sido la suerte de nuestro pirata, a quien dejamos en nuestro último capítulo desnudo y tembloroso, a punto de perder su virginidad académico-congresual. Llegó, pues, como todo llega en esta vida, el decisivo momento de la verdad. Pero, como es bien sabido, nuestro protagonista no se arredra ante el peligro, y así, armado de su recién estrenado portátil y de su apenas instalado software libre, se dispuso a deslumbrar al auditorio con una presentación en OpenOffice, como manda papá Stallman, con el nada disimulado propósito de epatar al respetable. El cual, dicho sea con todo el respeto, constaba de cuatro gatos y otros tantos ponentes, algo que incluso Rappel podría haber predicho, teniendo en cuenta que nuestras comunicaciones coincidían con una fabulosa excursión al Teide a la que yo mismo me hubiera apuntado entusiásticamente de no ser por la desgraciada circunstancia de carecer del don de la ubicuidad.

Pues bien, en aquel momento decisivo, el torero se levanta, saluda al respetable y lanza un estentóreo "va por uztedez". Mas hete aquí que, cautivo y desarmado, acosado por la funesta maldición de los guanches, nuestro héroe se encuentra con nuevas e inesperadas aventuras. A continuación, y con la venia de sus señorías, expongo sucintamente los hechos, para no fatigaros más allá de lo razonable. El caso es que, renegando del Linux, conjurado con Bill Gates, el puñetero cañón de proyección se niega en redondo a reconocer a mi humilde máquina, que, además, se cuelga. Menos mal que consigo ocultar este patético incidente al auditorio, mientras acudo al vergonzante plan B, que como os podéis figurar consiste, ¡ay de mí!, en pasar la presentación en Power Point. Triste, triste, triste comienzo para una prometedora faena.

Dicho lo cual hay que reconocer que el resto del asunto fue viento en popa. Fin de la novela. Lo cierto es que creo que a los pocos que andaban por allí les gustó el tema, e incluso dos o tres personajes me pidieron una copia de la ponencia, lo cual no está nada mal para un debutante. ¿Mi sensación? Pues si he de ser sincero, este congreso me está haciendo reflexionar más de lo que yo me imaginaba. Tal vez esto sirva para poner en orden mis caóticas impresiones, y de paso utilizar los botoncitos del editor este de la blog. A ver, a ver....

  • El rollito académico. Pues bien, me tranquiliza comprobar que la mayor parte de las comunicaciones a las que he asistido (y muy especialmente las que más me interesaban, que tienen que ver con la Sociología de la Ciencia y de la Técnica) tienen un nivel perfectamente asequible. Traduzco, para entendernos = yo podría ser perfectamente capaz de escribir algo así. En resumen, reduciría lo que he escuchado a las siguientes categorías: a) Refritos de textos leídos y medio digeridos con la ayuda de abundantes dosis de bicarbonato; b) Estudios encuestoso-soporíferos acerca de cómo vender CTS en plan gestión del conocimiento y políticas públicas, rollo empresarial y bla, bla, bla; c) Cómo molan los Interneses y el futuro es muy oscuro; d) Popper hasta la victoria siempre; e) Por supuesto, chicas al poder; f) Delirios argumentativos varios del gremio filosófico-lógico-cognitivo; g) Planta de Oportunidades, incluyendo la sección "Cómo obtener un titulito para inflar currículum en un santiamén".

  • ¿Y yo que pinto en este fregao? Advertencia: ahora me pongo existencial. Pues mire usted, teniendo en cuenta que yo el asunto alimenticio, Dios mediante, lo tengo resuelto, y considerando que (si es que no me engaño a mí mismo demasiado) esto de la Sociología lo hago por interés personal, me he propuesto cumplir a rajatabla el siguiente código programático:

    1. Sólo leer, sólo escribir y sólo hacer lo que, de verdad me haga vibrar y me apasione. Lo demás (clásicos, vacas sagradas y deberes inexcusables incluidos), a la papelera de reciclaje.

    2. Renunciar, desde aquí y para siempre al feo vicio planetario de girar en torno al genio y hacerle la pelota para trepar no se sabe muy bien a dónde, incluyendo también en este propósito el rechazo explícito de todo tipo de sonrisitas, citas benévolas, felicitaciones y parabienes.

    3. Atreverme de una vez a decirle a Nettizen que eso de Internet está muy bien para un ratito, y hasta para venirse a Tenerife a hacer turismo, pero que en realidad no es ésto lo que a mí de verdad me interesa. Porque ¿qué es lo que a mí me interesa de verdad?

    4. Asumir con naturalidad y total lucidez mi condición esencialmente esquizofrénica. Soy profe de día (cosa de la que vivo) y soy socio-loco de noche (cosa que me hace sentirme vivo)
    5. No sucumbir a la urgencia de la novedad, a la prisa del momento, a la necesidad de estar a la última. Aceptar finalmente que estar al día de lo que dice la última blog o el más recóndito foro, me produce una angustia visceral. A ver si al final va a tener razón papá Javi Izquierdo...

    6. Reconocer sin complejos la inabarcable ignorancia que me constituye, y dejar al fin de disimular, admitiendo en público que NO ME HE LEÍDO ESE LIBRO tan importante y tan imprescindible. Todo llegará.

    7. Tomarme mi tiempo para penetrar los textos sagrados. La celulosa es muy indigesta.

    8. No temblar ante el deslumbramiento de quien ya ha pensado lo que yo sólo vislumbro. Él (o ella) también se columpió en la incertidumbre, como yo (o al menos confío en que así fuese)

    9. Confesarme, como aquí estoy haciendo, mucho más a menudo. A ver si me decido de una vez a salir del armario, como acaba de hacer El Pata (Eres un torero. Hace falta tener coraje. Enhorabuena.)

    10. Jamás tomarme demasiado en serio esta sarta de chorradas que acabo de escribir

¿Adivina alguien por qué me llamo doubty?

Continuará...

Por doubty - 1 de Octubre, 2005, 0:35, Categoría: Crónicas desde el Paraíso
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